Cada fin de semana es un cambio
de ruido por leña y calor, pensado
para regresarte a ti mismo.
Para quienes cuidan
su propio ritmo y eligen
vivirlo sin prisa.

Los pinos tras la
ventana dan silencio.
Y el arroyo de abajo
no grita, solo sigue.
Solo llega. Y descansa.
En pareja. O tú solo.
Junto a la chimenea.
